SENTIR QUE ES UN SOPLO LA VIDA

Cada rincón de la HCD guarda anécdotas de otros tiempos. Historias compartidas y una amistad retratadas en un instante siempre eterno.

La Plata, 01/08/2019


Marce, el “Vasco” y “Checho” son los protagonistas de una de las fotos que decora hoy la cafetería de la Cámara. Un lugar con historia que reabrió sus puertas en el año 1984, tras mantenerse cerrado, como casi toda la Legislatura provincial, durante los años oscuros de la última dictadura cívico-militar.

 

El retrato tiene 29 años de antigüedad. Corría el comienzo de la década del ´90, años en los cuales sólo algunos privilegiados estaban comunicados por los viejos Movicom, y en la HCD ni siquiera existían los internos de línea.

 

La imagen de ambos es circular, las risas y la complicidad de ayer se mantienen intactas. Ellos siempre están de buen humor y con la mejor predisposición para acercar un mágico “cafecito” en cada oficina donde los requieran.

 

Gustavo “El Vasco” Ávila recuerda que “para llevar un encargo primero se encendía la luz en un tablero con el número del despacho, luego nos acercábamos a esa oficina a levantar el pedido, para finalmente volver a la cafetería, prepararlo y llevarlo”.

 

Hoy podemos ver las cafeteras exprés, pero en esa época el preparado del café era totalmente distinto. Marcelo Maseroni, “Marce” como lo conocen todos, cuenta cómo eran las viejas formas: “Poníamos las ollas grandes con filtro y ahí se preparaba el café, luego llenábamos los termos y por último esos termos los poníamos en otras ollas de 20 litros de agua, a calentarlos en baño María”.

 

De los tres integrantes de la foto, Rodolfo Rodríguez, alias “Checho”, fue el único que decidió continuar otro camino fuera de la Legislatura bonaerense, aunque sigue manteniendo una buena relación con sus excompañeros.

 

Los queridos mozos de la Cámara rememoran que casi todas las sesiones ordinarias duraban hasta altas horas de la madrugada, como así también las reuniones de comisión, que en esas épocas eran, en cantidad, la mitad de lo que son en la actualidad.

 

El Vasco y Marcelo, quienes ya se sienten como familia tras más de tres décadas de trabajo juntos, recuerdan que en épocas de verano, cuando las temperaturas eran muy altas, las heladeras de la cocina no daban abasto, el agua se tenía que enfriar con cubitos.

 

“Éramos entre siete u ocho personas por turno, y pasábamos muchas horas acá adentro”, rememora Marcelo. El Vasco cita algunas de las instalaciones que existían durante esa época: “En el segundo piso, que antes era una terraza, había una lavandería que no existe más”. Hoy ese segundo piso está lleno de oficinas, donde se mezclan, diputados y diputadas, asesores, personal administrativo, de sistemas y de mantenimiento.

 

“Contábamos con dos comedores para los empleados de la Cámara y legisladores”, recuerdan ambos, mientras preparan un café con leche y una lágrima para llevarlos a uno de los despachos.

 

De todos los que ingresaron a la cafetería de la planta baja en el año ´84 hoy sólo quedan ellos dos: Marce y El Vasco. Un pedazo de historia en la Cámara de Diputados, recordando esa foto, 29 años después.