SANDRA PARIS: HEREDERA DE PRINCIPIOS, CONVICCIONES Y FORTALEZA

La diputada reelecta por la segunda sección compartió recuerdos duros como fue la desaparición de su padre en la última Dictadura, pero también vivencias felices de su adolescencia en su Zárate natal, y de su adultez como secretaria académica en la Facultad de Derecho de la UNLP y legisladora provincial.

La Plata, 10/10/2018


Cálida, serena y gentil, Sandra Paris recordó momentos de una vida que -en términos generales- ella define como “muy feliz”; sin embargo, no faltarán en su historia la tristeza, la incertidumbre y, sobre todo, un imborrable anhelo de justicia.

Sandra nació el 30 de septiembre de 1965 en el Barrio Obrero de Zárate, en la provincia de Buenos Aires. La abrazaron fuerte su padre Eduardo, empleado de la papelera Witcel, y su madre María Delia, ama de casa. Tres años y medio después llegó su hermana Analía para completar la familia. 

La escuela N° 35 la nutrió en su educación primaria; posteriormente, el Colegio Nacional de Zárate la acompañó en su adolescencia y, al cabo de unos años, la encontró graduada como Perito Mercantil. Sin embargo, el tercer año de la secundaria tuvo una connotación particular: Sandra se encontró con Mercedes, la profesora de Instrucción Cívica, quien habló de la Constitución Nacional pese a la prohibición del gobierno dictatorial vigente. Aquella docente determinó el nacimiento de su vocación por la Abogacía.

Con el secundario concluido, la meta siguiente fue convertirse en abogada; no obstante, el sueño debió postergarse porque su padre y su madre no pudieron solventar sus estudios. Campana, una ciudad vecina, fue sede de su formación en Magisterio durante algunos años.

En Sandra persistió el deseo de formarse en Derecho; el motor de ese anhelo tuvo su origen en los últimos años de su infancia. Navegar por aquel período no fue sencillo, porque su vida y la de su familia se tiñó de gris.

* * *

Desaparición y después

La vista de Sandra se nubla, sus palabras se suceden más lentas y su voz pierde claridad; en su mente las imágenes se vuelven nítidas porque los recuerdos aún están intactos.

Su padre fue detenido el 29 de marzo de 1976 a las 13.45, en la puerta de su casa de Zárate, cuando ella tenía apenas 10 años. Lo llevaron a la comisaría de la ciudad, y después de las cinco de la tarde su familia no supo más del paradero hasta tres meses más tarde. “Cuando supimos que estaba en una comisaría en Moreno, fuimos y nos dijeron que estaba ahí, con vida; volvimos al día siguiente y ya no estaba más. Vuelto a desaparecer… Hasta que llegó una carta suya en la contaba que estaba en la Unidad N° 9 de La Plata. Esos dos años vinimos semanalmente a visitarlo”, cuenta emocionada. 

La legisladora interrumpe el relato cronológico para marcar lo que significó la lucha de sus padres: “Mi papá era hijo único, así que mi mamá salía a buscarlo con mi abuelo y peregrinaba por cuanto lugar había y sacaba fuerzas para mantenerse en pie. Ella en mi vida es ejemplo de fortaleza, y mi padre siempre ha sido ejemplo de lucha, de convicciones y de principios”.

Ella cuenta que mientras todo el país estaba mirando los partidos del Mundial ´78, su familia realizaba una travesía para poder ver a su padre: salía a la madrugada desde Zárate para llegar a La Plata y sufrir con las requisas de la cárcel. “Él nos explicaba que no había hecho nada, que estaba detenido injustamente por defender causas que eran justas, que se trataba de la lucha en defensa de los trabajadores, igual nosotros ya lo sabíamos…”, manifiesta Sandra.  

“El día que Argentina salió campeón del mundo mi papá fue puesto en libertad y volvió a Zárate con nosotras. Cuando regresó, mi hermana y yo nos colgamos de él, vinieron mis abuelos y amigos de mi papá de la fábrica que hicieron colectas para que mi mamá pudiera buscarlo, visitarlo, y alimentarnos a nosotras”, rememora con emoción la legisladora.

Cuando volvió de su detención, Eduardo no conseguía trabajo y decidió vender bolsas de residuos que producían con María Delia para subsistir. “Él continuó con su militancia política y las vueltas que da la vida hicieron que en el ´83, el regreso de la democracia lo tuviera como diputado provincial, reparando un poco tanto dolor”, repasa con orgullo Sandra.

* * *

Al calor de la democracia

Aquella familia comenzó un proceso de recuperación que al principio fue arduo y paulatino, pero después se consolidó junto con el retorno de las instituciones propias del Estado de Derecho.

Fue entonces que Sandra empezó a trabajar en la Legislatura, se mudó a La Plata y dio inicio a su Licenciatura en Ciencias Jurídicas y Sociales en la UNLP, donde se desempeñó más tarde como Secretaria Académica hasta que ingresó como diputada provincial.

Otra vez, las fibras íntimas de Sandra sucumben ante el tenor de sus remembranzas, desde el dolor a la superación, desde los deseos a los logros. “Pasaron años y empiezo a dar clases en aquella Unidad N° 9 como profesora de la facultad; cuando estuve ahí no podía parar de llorar… Lo llamé a mi papá y le pregunté de qué pabellón había salido en libertad y había sido desde ese. Hoy vuelvo a la cárcel como abogada, como profesora y como legisladora”, afirma con tono resuelto quien parece haber saldado cuentas con la vida.

La entrevista entró en sus últimos minutos y Sandra los destinó a compartir algunos aspectos de su actualidad. Aseguró que su vida siempre ha estado ligada a lo político, recordó que milita desde los 17 años, y señaló que hoy piensa en formar dirigentes y continuar con su labor educativa en la UNLP. También dijo que es muy feliz junto a Raúl -su marido-, y remarcó que ha construido con esfuerzo una vida que hoy transita con placer. Respecto de su rol parlamentario, sostiene que se propone mejorar día a día en su función para colaborar en la transformación de la provincia bonaerense. Fue categórica al sostener que “no concibo mi vida de otra manera”.