EVA Y VICTORIA, UN DIÁLOGO POSIBLE

En el marco de las actividades previstas en torno a la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, esta semana quedaron abiertas al público en el Anexo de la Cámara de Diputados dos muestras sobre mujeres paradigmáticas de nuestro país: Eva Perón y Victoria Ocampo. En la primera se puede ver una serie de montajes de fotografías y textos proveniente del Museo de los Trabajadores Evita de La Plata; y en la segunda, una selección de retratos -tanto fotos como pinturas- pertenecientes a la Casa Victoria Ocampo de Barrio Parque. La entrada es libre y gratuita.

La Plata, 14/03/2019


A pesar de las diferencias que a simple vista destacan en tanto representantes de dos clases e ideologías antagónicas, lo que de algún modo las han ubicado en el imaginario colectivo en lugares irreconciliables de la historia, son muchos los puntos de contacto entre sus formas de estar en el mundo y sus legados. Así, a la distancia y con el calor de las pasiones suavizado por el tiempo, podemos establecer entre las historias de Eva y Victoria –que no se conocieron personalmente- un diálogo posible ya sea por similitud o por contraste.

Como asegura el periodista y escritor Blas Matamoro “Victoria es el mito de la niña bien que da un portazo y sale a la calle, abandonando el palacio. Evita es el mito simétrico: la callejera que empuja el portón del palacio y se mete en el jardín”. Una, “hija natural”, humillada por su condición; la otra descendiente de las familias ilustres que fundaron la Patria; una nacida en la pobreza, la otra criada entre institutrices europeas; ambas debieron superar los condicionamientos de sus orígenes para llegar a ser quienes fueron: dos mujeres empoderadas que rompieron los moldes con los que la sociedad pretendía encorsetarlas. Cada una lo hizo a su manera, con su propio estilo y en diferentes ámbitos, pero las dos debieron rebelarse y con su audacia ampliaron los límites de lo posible para las sus contemporáneas y las que vinieron después. Y, así, se convirtieron en las dos mujeres más influyentes del siglo XX en Argentina.

Victoria soñó con ser actriz, deseo truncado por un padre que amenazó con matarse si alguna de sus hijas se dedicaba al rubro. Eva, sin padre al que rendir cuentas, a los 15 años llegó del interior a Buenos Aires para actuar. Ambas fueron adjetivadas por su sexualidad, demasiado libre para los cánones de la época. Ninguna de las dos fue madre y ambas padecieron cáncer.

No les fue fácil ser auténticas: you´ll never be a lady (nunca serás una dama), había sentenciado tempranamente la institutriz inglesa a una Victoria que se ya se adivinaba rebelde. Y sin dudas nadie imaginaba, ni siquiera ella, el lugar encumbrado que alcanzaría Eva.

Victoria, nacida en 1890, fue la primera mujer en marcar algunas conquistas: conducir un auto en Buenos Aires, fumar en público, integrar la Academia Argentina de Letras. Eva la primera en tener verdadero poder político en Argentina.

Y a pesar de las distancias ideológicas, ambas ocupan un lugar en la historia de la lucha por la conquista de los derechos políticos de las mujeres: Victoria fue una de las pioneras del feminismo en Argentina. Entre 1936 y 1938 presidió la Unión Argentina de Mujeres, una organización que germinó a partir de un grupo de amigas que buscaba defenderse del ataque reaccionario patriarcal que pretendía derogar la ley 11.357 vigente desde 1926, un jalón importante para los derechos femeninos. Un nuevo proyecto pretendía reinstaurar una legislación que consideraba a la mujer incapaz de disponer de sí misma y sus bienes y la sometía al tutelaje de su padre, su marido o el juez en caso de no existir ninguno. Por aquél entonces, Victoria se destacó como activista y escribió numerosas publicaciones sobre los derechos civiles, la importancia de la emancipación de la mujer, su derecho a la libertad y a expresarse. La ley finalmente no se modificó, sin embargo, aún varios años después el feminismo no había logrado alcanzar la igualdad de derechos políticos.

Es por impulso del gobierno de Juan Domingo Perón, un convencido de la necesidad del voto femenino, que finalmente las mujeres verían reconocidos sus derechos, y es ahí donde comienza a tallar Evita. A los pocos días de la elección que lo consagró presidente a su marido, Eva pronuncia un discurso en el que anuncia: “La mujer argentina ha superado el período de las tutorías civiles. La mujer debe afirmar su acción, la mujer debe votar”. Desde entonces y con el fervor que la caracterizaba se puso al frente de la campaña para que las mujeres pudieran votar, persuadiendo a quien hiciera falta. Finalmente, y tras un extenso trámite legislativo, el 9 de septiembre de 1947 la ley fue promulgada. Tiempo después fundó el Partido Peronista Femenino.

Conocida es la labor apasionada de ambas en sus campos de acción: Eva, en pos de la Justicia Social, construyó una obra enorme en favor de los más desposeídos desde la fundación que llevaba su nombre; Victoria fue una mecenas sin igual, que puso su fortuna al servicio de la cultura y realizó una labor de difusión incomparable desde la mítica revista literaria Sur, que fundó, dirigió y financió. Ambas, a su manera, buscaron transformar el país. Sus legados aún perduran.

Pero hay otro rasgo común que quizá haya pasado desapercibido. Ambas fueron protagonistas de un hito en otro ámbito exclusivo de la masculinidad: el de la autobiografía. En una época en la que el dueño de la palabra era el hombre, fueron las primeras en elevar sus voces en ese campo. “Sus textos representan dos momentos claves en la historia política y cultural de la Argentina en que la mujer articula su propia voz fuera del ámbito de lo doméstico desde lugares casi antitéticos. Si dejar que hablen quienes deben callar es una transgresión, la Autobiografía y La razón de mi vida representan un acto transgresor”, sostiene Nina Gerassi-Navarro, especialista en literatura latinoamericana en su ensayo Las aubiografías de Eva Perón y Victoria Ocampo: dos voces que se desdicen. Y concluye respecto de la herencia de estas dos mujeres únicas: “Su mayor acto de justicia fue otorgarse una voz en la historia argentina, una voz de mujer que aún hoy se escucha”.