EL LADO DESCONOCIDO DEL ONCE EN LA MIRADA DE MAXI VERNAZZA

Desde este lunes puede visitarse en el Salón de los Pasos Perdidos de la Cámara de Diputados la muestra “Once”, del fotógrafo Maximiliano Vernazza. Una mirada personal sobre el populoso distrito capitalino. Estará abierta al público hasta el 12 de septiembre, con entrada libre y gratuita.

La Plata, 12/08/2019


Cuando hablamos del barrio porteño de Once lo que imaginamos es gente, bullicio, vidrieras. Un abarrotamiento de cosas y personas vendiendo, comprando, circulando. Sin embargo, a la tardecita los negocios cierran y el paisaje se transforma. Emerge un Once desconocido. Un lado B. Ese es el aspecto que el fotógrafo Maxi Vernazza quiso explorar y mostrarnos a través de su lente, en una exhibición que llega a La Plata a partir de este lunes por iniciativa del diputado Javier Faroni.

Vernazza, que ostenta una larga trayectoria como reportero gráfico, alcanzó cierta popularidad por su muestra sobre un Charly García al que fotografió durante más de dos décadas. Sin embargo, tras 22 años trabajando para la revista Gente fue despedido y ya no sigue a Charly sino a Sergio Massa.  Con todo, en medio del fragor de la campaña se hace un tiempo para conversar y muestra una faceta muy ligada a la imagen de la dirigencia política.

Si bien su primera cobertura electoral fue en la campaña de 2015, ya tenía una vasta experiencia retratando dirigentes: “Por el laburo de reportero los fotografié a todos, incluidos los presidentes. Y generalmente por el tipo de trabajo, bastante en intimidad. Por ejemplo, en la última semana de Menem en la presidencia estuve todos los días con él. Después también los primeros con De la Rúa”.

Con su trabajo de Once retrata no sólo un aspecto desconocido del barrio sino también una contracara de su labor como fotorreportero y su trabajo artístico con Charly, ya que no hay acción, caos y prácticamente tampoco figura humana. “A mí me gusta la parte más autoral, más personal. Independientemente de que el trabajo te de satisfacciones, generalmente el 80 por ciento de lo que hacés no te interesa”, reconoce.

En esa búsqueda, hace unos años realizó un taller con Juan Travnik, en ese entonces curador de la fotogalería del Teatro General San Martín. “Lo conocí personalmente cuando me convocó para exponer ahí. Daba un taller muy interesante y me enganché. Como apuntaba al trabajo personal más que ver autores, había que llevar material para ir trabajando. Yo vivo en Almagro y las clases eran en Once, así que en la caminata se me ocurrió que ese podía ser el tema. Ahí empecé a fotografiarlo y en total me llevó tres años de laburo”, comenta.

La desolación y el silencio que transmiten las imágenes no fue algo preconcebido: “Lo empecé sin ninguna idea, arrancás a fotografiar y después lo vas llevando para un lado u otro”. Ese rumbo que tomó fue sobre aquello que más llamó su atención: “El Once me encanta siempre, pero hay como dos barrios. Uno es de día, que es ese caos de gente, y después de las seis, siete de la tarde cambia totalmente. Entonces me decía ‘¿cómo puede ser ese quilombo en el día y ahora ésto?’ Queda totalmente vacío, a veces son cuadras y cuadras sin ver a nadie”, cuenta con entusiasmo, casi atropellando las palabras.  “Otra cosa que me llamó la atención fueron los grafittis que aparecen cuando bajan las persianas, o cómo cierran los locales con tres barras de seguridad y ocho candados. Te preguntás ‘¿será para tanto?’. Lo mismo que en ésta época de redes sociales la publicidad de las bailantas siga siendo los afiches en la calle”, dice asombrado.

Pero el conjunto incluye también otra dimensión, más trágica, del barrio: las referencias ineludibles al atentado a la AMIA en 1994, el incendio de Cromagnón aquella fatídica noche de diciembre del 2004, y el choque de tren de TBA en 2012 de las que Once fue escenario.

Con la muestra circulando por diferentes espacios, Maxi sigue fotografiando el barrio, ahora además para otro proyecto. “Hace cerca de un año que estoy haciendo un laburo de retratos. Sólo gente, personajes. Los veo y los corro, les cuento lo que hago y les saco. Algunos te miran con cara rara, otros salen corriendo. En general no entienden mucho pero posan, es divertido”, cuenta entusiasmado.

No para. La fotografía es su pasión desde que la descubrió a los 18 años. “Nunca había sacado una foto, las de la familia las sacaba mi viejo, que es odontólogo, y nunca le había dado bola. Pero cuando un amigo me contó que estaba haciendo un curso, me habló del blanco y negro, del revelado, la copia, y me interesó. Ahí empecé y me agarró el fanatismo”, afirma. Enseguida empezó a trabajar: llevaba presupuestos que entregaba a la salida de la iglesia de su barrio y hacía bautismos, comuniones, casamientos. También tuvo su paso por la foto publicitaria, pero lo que más le atraía era el periodismo, así que se formó en ARGRA e inmediatamente se incorporó a la editorial Atlántida. “Me siento más cómodo en el fotoperiodismo, me gusta esa cosa de no saber qué va a pasar, a dónde vas a estar; estás en tu casa, de pronto sucede algo y a la noche estás en otro país”, reconoce.

Ese es el trabajo que le brindó la oportunidad de ser testigo privilegiado de situaciones inesperadas. Si bien le interesa el resultado, lo que de verdad atesora son los momentos, esos en los que uno se ve de afuera y se pregunta “¿dónde estoy?”. Y enumera: estar sentando en una habitación solo con Charly mientras está tocando y cantando; viajar en helicóptero con un presidente; fotografiar a Maradona en la intimidad, como aquella vez en un vestuario de La Paz, Bolivia, con el Diez en jeans lustrando su botín con un algodoncito; conocer la Antártida; visitar el cementerio de Malvinas junto a los familiares de los caídos en la guerra y sentirse de pronto hermanado en la emotividad del momento con gente a la que nunca antes había visto.

Por último, sobre exponer en la Cámara de Diputados –la muestra puede visitarse desde hoy, de 8 a 20 horas, de manera libre y gratuita en el Salón de los Pasos Perdidos-, en la que ya presentó su obra sobre Charly en 2017, rescata la posibilidad de exhibir su trabajo en un espacio poco habitual: “Me gustan lugares que no sean exclusivos. Ahí circula mucha gente que no debe ser habitué de muestras. Si bien éste es un tema diferente y más difícil, espero que les llame la atención y se detengan a mirarla”. Algo que sin dudas ocurrirá.