EGAN, UNA POLÍTICA PRECURSORA QUE DEJÓ SU MARCA EN LA HISTORIA

Norma Beatriz Egan O' Donnell nació el 18 de septiembre de 1925 en San Antonio de Areco. Fue subdelegada del Partido Peronista Femenino y asumió en 1952 como una de las 15 primeras diputadas en la provincia de Buenos Aires luego de la sanción del voto femenino. Una entrevista que sirve de homenaje a las miles de mujeres que lucharon por conquistar sus derechos.

La Plata, 08/03/2019


Norma tiene la sonrisa amplia. Sus palabras están acompañadas de una gesticulación constante y armoniosa. Su voz es clara y fuerte. De vez en vez, se permite algún silencio, esos que hacen que los recuerdos del pasado se vuelvan nítidos en el presente.


Nació en San Antonio de Areco, sus papás Miguel José Egan y Brady y Elena O'Donnell vivían en el campo y según Norma nunca se interpusieron en su decisión de dedicarse a la política. “Mi papá era hijo de irlandés, hablaba de caballos, no de política; mi mamá era más politiquera, era peronista”, cuenta.


Su familia se completaba con cinco hermanos y con sus dos tías, una de ellas daba clases en zonas rurales y la otra en la ciudad. “Me críe entre maestros, aprendí tantas cosas… fue muy lindo”, asegura.




A los 25 años concurrió a una audiencia en la Fundación Eva Perón donde fue invitada a participar en el Partido Peronista Femenino creado en 1949 que solo podía estar integrado por mujeres. En ese marco, conoció a Eva -o a la “señora” como ella con mucho respeto, prefiere llamarla – y donde le manifestó sus ganas de estudiar y le habló sobre sus nulos recursos económicos para poder hacerlo.


Corrían tiempos en los que introducir a las mujeres a la vida política era una necesidad imperante. Despertar el interés de cada una de ellas y sobre todo que sea una causa colectiva. Por lo que el lema “las mujeres tienen y deben votar” era una premisa que sonaba cada vez con más fuerza.


La respuesta de Eva en ese contexto desigual de derechos entre hombres y mujeres fue contundente. “Norma te necesito en la política, después vas a tener tiempo para estudiar”, le explicó, y además le propuso ser subdelegada del Partido Peronista Femenino en San Antonio de Areco.


Al principio a Norma no le convenció la idea porque su lugar natal se caracterizaba por ser un territorio de ideologías polarizadas: “O eras conservador o eras radical”, dice.


Finalmente aceptó. A esta altura, para ella ya era un desafío personal pero también político. Entonces, Eva le gestionó un jeep Land Rover blanco para recorrer cada uno de los campos, hablar con cada familia, establecer una relación. “Estaba que levantaba polvareda yo”, recuerda entre sonrisas.


Las primeras visitas políticas las realizó junto a su amiga la negra Tornatore, una maestra de Areco. “Cada vez que llegábamos a un hogar pedíamos permiso para entrar en cada uno de los campos con el debido respeto”, remarca Norma.


El PPF estaba organizado a partir de unidades básicas femeninas que se abrían en los barrios y pueblos canalizando la militancia directa de las mujeres. A pesar de su organización, no fue una tarea fácil de llevar adelante. ”Nos costó mucho, porque no sabíamos nada. Había que visitar casa por casa, tocar el timbre, hablar con la familia para convencer”, detalla.


Norma recuerda a la figura de Eva con claridad y considera que fue gracias a ella que las mujeres lograron ser parte de la vida política. “Era una mujer espléndida, tenía una sabiduría particular; quizá ella como fue una artista se habría dado cuenta de que tenía posibilidades de poder convencer. No cualquiera convence a la gente, sobre todo para comenzar un partido político y de mujeres”, subraya.




El 9 de septiembre de 1947 fue un día inolvidable no solo para Norma sino para las miles de mujeres que habían luchado por el voto femenino. Ese día el Congreso Nacional aprobó el proyecto de Ley 13.010 que otorgó los derechos cívicos a la mujer.


Los diarios de la apoca reflejaban que al fin el pueblo argentino alcanzaba la igualdad de derechos civiles con el hombre, como corresponde en una democracia de avanzada. Pocos días después, la normativa fue sancionada y la algarabía por un hecho tan trascendental se hizo notar con una colmada Plaza de Mayo.


El 11 de noviembre de 1951 las mujeres argentinas votaron por primera vez. Estaban ahí marcando el comienzo de una dura lucha, sabiendo que el hecho permitiría, con el tiempo y un gran esfuerzo, a nuevas conquistas.


“Te puedo decir que sentí una emoción maravillosa como todas las mujeres. Con el tiempo uno le da el valor que realmente tiene el voto, de poder elegir y ser elegidas”, expresa Norma.




El arduo trabajo como subdelegada del Partido Peronista Femenino en la localidad ubicada a orillas del río Areco, fue el puntapié que dio comienzo a su rol como diputada provincial.


Por primera vez en el recinto de sesiones jurarían diputadas mujeres. Quince en total. Norma detiene su relato, se la nota emocionada, mira hacia un horizonte imaginario y se ve a sí misma. Es el año 1952. Hace pocos meses cumplió 27 años. Viste un impecable traje negro que adornó con una delicada flor blanca. Jura por Dios y la Patria. Jura sabiendo que esa jornada será parte fundamental de la historia argentina.


“Parecía increíble llegar hasta ese momento. Es un prestigio para uno haber llegado ahí, no se llega comunmente y ojalá muchas mujeres puedan hacerlo”, reflexiona Norma.


Su mandato se extendió hasta 1955.