CORTÁZAR: LA HUELLA DE UN MAESTRO

Julio Florencio Cortázar fue conocido mundialmente por su vasta obra literaria; simple y disruptiva, conmovedora y reflexiva. Pero, antes de convertirse en un ícono de la literatura latinoamericana, supo enseñar en escuelas del interior bonaerense. A 105 años del nacimiento de un símbolo ineludible de la cultura, la Legislatura lo consagró Ciudadano Ilustre de la provincia de Buenos Aires.

La Plata, 26/08/2019


“Nací en Bruselas en agosto de 1914. Signo astrológico, Virgo; por consiguiente, asténico, tendencias intelectuales, mi planeta es Mercurio y mi color el gris (aunque en realidad me gusta el verde)”.[1]

 

Julio Cortázar

 

Con casi cuatro años de edad, ‘Cocó’ -como le decía su abuela- llegó a la ciudad de Buenos Aires y crecería en los arrabales de Banfield hasta terminada su adolescencia. Sin embargo, en su infancia, un hecho puntual marcaría la vida de su familia y muchos años más tarde se convertirá en un factor determinante al momento de su incursión en la órbita laboral.      

  

“Yo tenía seis años cuando mi padre se fue de mi casa para siempre, en circunstancias que dejaron a mi madre en una muy mala situación económica y con dos niños”, recordaba en una entrevista el autor de Rayuela.

 

El pasaje de la niñez a la juventud consolidó su vocación literaria, como bibliófilo y también como escritor. Por eso, concluidos sus estudios secundarios en la Escuela Normal Mariano Moreno, inició su formación universitaria en letras; pero la necesidad familiar de sustento económico lo inclinó a la docencia temprana y a la interrupción del recorrido académico.




 

Así fue que entre fines de los años ´30 y mediados de los ´40, Cortázar dictó clases en Bolívar y luego en Chivilcoy. Aquel período de enseñanza rural le resultó propicio para dedicarse intensamente a la lectura y a la escritura.

 

La experiencia docente le sirvió para considerar la relevancia del acto educativo, motivo que lo llevó a publicar en 1939 un artículo titulado “Esencia y Misión del Maestro”, en el que instó a los educadores a la reflexión y al esfuerzo permanente es pos de una enseñanza de calidad.

 

En aquel documento, el Cortázar pedagogo se manifestaba así: "Ser maestro significa estar en posesión de los medios conducentes a la transmisión de una civilización y una cultura; significa construir, en el espíritu y la inteligencia del niño, el panorama cultural necesario para capacitar su ser en el nivel social contemporáneo y, a la vez, estimular todo lo que en el alma infantil haya de bello, de bueno, de aspiración a la total realización".

 

Reconocimiento

 

Resulta evidente que sobran los motivos para homenajear eternamente al escritor, pero su condición de docente bonaerense le dio un impulso extra a un reconocimiento pendiente y este año la Legislatura lo declaró Ciudadano Ilustre de la provincia de Buenos Aires, a partir de una iniciativa parlamentaria de la diputada Rocío Giaccone.

 

El texto del proyecto convertido en Ley y publicado en Boletín Oficial explica que Julio Cortázar fue reconocido “por su obra de incalculable valor, trayectoria en la docencia y su aporte permanente en favor de la cultura”.

 

Por su parte, la diputada Giaccone aseguró: “En el caso de Cortázar hay una parte de su vida que es fundamental; se vino al interior de la provincia a enseñar como maestro de escuela, de ahí surge reconocer a este autor”.

 

Finalmente, con enorme satisfacción, la legisladora subrayó que “se logró sancionar esta ley que lo reconoce como Ciudadano Ilustre de nuestra provincia” y aclaró que se trata de ponderar “el valor de ese maestro que ayudaba a su familia y nos dejó el comienzo de un grande de la literatura”.

 

[1] Carta de Julio Cortázar a Graciela Maturo, enviada desde París el 4 de noviembre de 1963 e incluida en el libro Julio Cortázar y el hombre nuevo, de Maturo.