“GUERRERAS”, RETRATOS DE LA VIOLENCIA SEXUAL CONTRA LAS MUJERES

La muestra fotográfica de Eleonora Ghioldi se exhibe en el Anexo de la Cámara de Diputados -53 entre 8 y 9- y retrata las vivencias de mujeres que padecieron la violencia sexual.

La Plata, 08/10/2019


“Genoveva, 8-12 años, mi padre. Amigo, cuidador, trabajador, cuentacuentos, mentiroso, tramposo, ladrón, torturador, agresor de esposa, abusador, manipulador, violador, pedófilo, abusador de menores, mi padre. Me robaste mi inocencia e infancia pero no mi espíritu para vivir y tener esperanza. Prosperé a pesar de ti”, puede leerse escrito de puño y letra al pie de la fotografía.

Estamos en la muestra Guerreras de la fotógrafa Eleonora Ghioldi, que puede recorrerse durante esta semana en el Anexo de la Cámara de Diputados por iniciativa del diputado Miguel Funes y como parte de las actividades complementarias del Encuentro Nacional de Mujeres.

 “Karen, 28. El hermano de mi jefe. Escuché que tuviste una hija… me pregunto cómo sentirías si alguien pusiera algo en su bebida y la violara. Apuesto que no te gustaría”, se lee sobre otra.

La muestra está integrada por unas cincuenta imágenes, de las cuales quince están exhibidas en la sede legislativa. Es el resultado de un proyecto que comenzó en 2011, casi de casualidad, en Los Ángeles. Si bien Eleonora es argentina, residía en Estados Unidos cuando tomó las imágenes de tres amigas que le confiaron sus vivencias personales de violencia sexual.

En ese momento quiso generar un espacio para contar la experiencia que tenían desde su propio lugar. “La fotografía nos brinda la posibilidad de contar nuestras historias desde el lugar que nosotras elegimos, reescribirlas. Siempre fue esa la idea: brindar la posibilidad de un espacio abierto donde estas mujeres no fuesen censuradas ni cuestionadas”, contó Ghioldi en el programa Foto al Aire de radio Estación Sur. “Yo nunca les hacía preguntas sobre las historias, era un espacio totalmente abierto y ellas contaban lo que querían. Así empezó el proceso”, agregó.

Cuando volvió con las fotos impresas en gran formato y les pidió a esas mujeres que escriban un testimonio sobre el marco, vio en el resultado una enorme potencia visual. Así, lo que había comenzado como algo personal empezó a presentarse como un proyecto.

Desde el vamos tuvo algunas cosas claras. Una, que no recurriría a ninguna organización para buscar mujeres “quería que fuese algo más personal y también probar que eso no era necesario, que todos conocíamos a alguien que había sufrido violencia sexual y no necesitaba salir a buscarlas, que esas mujeres estaban en la vida cotidiana de todos nosotros y las conocíamos”. Así comenzó el boca en boca. “Todas las personas que forman parte del proyecto se conocen entre ellas. Como mínimo hay una persona en común, así que podríamos decir que es realmente una red de mujeres”, aseguró.

Mientras la red crecía y el proceso se desarrollaba, afortunadamente la realidad de las mujeres también iba transformándose. A pesar de que pasaron apenas ocho años desde que comenzó noté mucha diferencia en cómo las personas hablan el tema este día, a cómo lo hacían cuando yo empecé el proyecto. Cuando comencé era totalmente en secreto, nadie hablaba de manera pública del tema, a las mujeres les daba muchísima vergüenza y existía toda una cosa de tabú, de no querer contar, de autoculparse. Ha cambiado totalmente esa dinámica, las mujeres hablan públicamente, en las redes sociales; todos, todas y todes sabemos que la mujer que sufre violencia no es culpable en absoluto de eso”.

Ghioldi les pidió que escriban en el marco un testimonio. “Su primer nombre, la edad en la que les había pasado esta situación y cuál era la relación con la persona. A medida que fui trabajando me di cuenta que tenía todo el abanico de relaciones que tenía el ser humano: padres, hermanos, tíos, amigos de la familia, desconocidos, conocidos, médicos, profesores… Lo que nos pasa a las mujeres es que ni en lo público ni en lo privado estamos a salvo de tener algún tipo de experiencia de violencia sexual” contó con crudeza en la charla "Cuestiones de Género y Diversidad" organizada por la la Universidad Nacional del Noroeste de Buenos Aires.

                                                                                                         ...

"Selfa, 26, mi doctor. Antes de la cirugía. Una relación sagrada rota. Vulnerable en un consultorio médico. Nadie me quiso escuchar”.

 "Norma Laguna Cabral. Mamá de Idali Juache Laguna. Desaparecida el 23 de febrero de 2010 un día le quitaron sus ilusiones sus anhelos su deseo de ser madre o estudiar de seguir viviendo oy kiero seguir luchando Para que no aya mas Idalis mas familias destruidas ay que seguir denunciando no quedarnos callados JUSTICIA Y BERDAD” (sic).

 "Verónica Sánchez Viamonte. De mis padres sólo pude saber que estuvieron detenidos en el centro clandestino base naval de Mar del Plata, desde donde salían los vuelos de la muerte. De mi mamá, además, que había quedado embarazada y que la retuvieron en el centro por más de 4 meses. Tenía 23 años cuando la detuvieron. La torturaron por comunista. La violaron por ejercicio del poder y como trofeo de guerra”.

En esa escucha desde la apertura que se planteó en el principio, sólo condicionada por algunas decisiones estéticas –las tomas se hacen en la casa de la protagonista, con luz natural, el testimonio dialoga con la imagen- la artista fue en un continuo darse cuenta que la fue guiando en la construcción del proyecto que no sólo incluye las imágenes sino también audios, instalaciones -como El kit de violación, donde se puede ver los dispositivos médicos que debe soportar una mujer cuando es violada-, entrevistas a profesionales, estadísticas. La muestra es tan grande que casi nunca puede exhibirse completa.

Cuando sintió que el proceso estaba llegando al final, se dio cuenta de que faltaban las víctimas de feminicidios ¿A quién mostrar si las protagonistas no están? Así decidió retratar a sus madres, y llegó primero a Ciudad Juárez, en México. Allí se disparó otra reflexión, ahora sobre lo que pasa en las guerras con las mujeres, en donde “la violación es utilizada como herramienta de tortura y disciplinadora, herramienta de conquista de territorio”, afirmó. Y eso la trajo a nuestro país, a lo que sucedió con las mujeres durante la última dictadura militar, y se decidió a entrevistar a las hijas de madres desaparecidas para que dejen testimonio. Así cerró el proyecto.

“Lo que a mí se me hizo muy patente al terminar y ver todas las experiencias es que todo acto de violencia sexual en contra de las mujeres es una herramienta de tortura y disciplinadora, simplemente sucede que está tan naturalizado que es muy difícil verlo”, concluyó. De todos modos fueron las mismas mujeres las que le fueron planteando, reiteradamente, que no querían ser revictimizadas ni colocarse en ese papel. Para su propia sorpresa, no es ése el lugar en el que se sienten. Así, de ellas mismas, surgió el nombre: Guerreras.

La exhibición podrá verse hasta el 11 de octubre en el Anexo de la Cámara de Diputados, de 8 a 20 con entrada libre y gratuita.